Valles del Jerte y La Vera.
Desde las estribaciones de la Sierra de Gredos desciende, encajado entre las laderas montañosas del Calvitero y de las sierras de Tormantos, el Valle del Jerte que se abre de forma paulatina a medida que se aproxima a la comarca de Plasencia. Protegido por las altas cumbres que lo rodean de los fríos invernales y suavizado en verano por las cristalinas aguas del río Jerte, el valle tiene durante todo el año una climatología suave, lo que hace que la estancia del viajero sea muy agradable en cualquier época del año. La principal vía de acceso es la N-110, que desciende desde la provincia de Ávila hasta Plasencia a través del puerto de Tornavacas. Otros accesos menos cómodos, pero más espectaculares en cuanto a los rincones que se ofrecen a su paso, son las carreteras que discurren desde el valle de La Vera, coronando el Piornal y desde el valle del Ambroz, cruzando el Puerto de Honduras. El paraje fue bautizado por los árabes debido a la transparencia de las aguas del río. No es prolífico el valle en monumentos construidos por el hombre, consciente posiblemente de que no podía competir con la generosidad de la naturaleza. Es singular la arquitectura popular de la comarca, a base de elementos constructivos autóctonos propios de la sierra, como el entramado de madera con adobes y piedra de granito. A pesar de lo inigualable de su paisaje, lo que realmente confiere personalidad al valle es el cerezo, que en número cercano al millón, ocupa la parte baja de las laderas. En abril, cuando comienza a desaparecer la nieve de las cumbres, el valle se puebla del blanco de la flor del cerezo, prometiendo una excelente cosecha. Localidades de visita obligatoria son Barrado, Cabezuela del Valle, Jerte, Navaconcejo, Piornal y Tornavacas. Protegida por las estribaciones meridionales de la Sierra de Gredos, la comarca de La Vera desciende hasta el río Tiétar. Si hay que buscar características que definan la personalidad de esta comarca, habrá que referirse al paisaje, al agua y a la arquitectura popular. Aquí se alternan en armoniosa sucesión los más diversos paisajes: abruptas y nevadas cumbres, altas laderas de pasto y monte bajo, espesos robledales, huertas de frutales, fértiles vegas. El agua fluye limpia y transparente desde el corazón de la montaña, atravesando profundas gargantas para formar bellas piscinas naturales, aliviar la sed del ganado, refrescar los numerosos pueblos que se asientan en su curso y fertilizar los campos, que ofrecen productos tan variados como el tabaco, el maíz, el pimiento, la frambuesa y el cacahuete. Los pueblos se sitúan a media altura, escapando de las nieves de las cumbres y del calor del valle. Es destacable su peculiar arquitectura tradicional, el irregular y asimétrico trazado de sus calles y plazas, referida por personajes tan ilustres como Miguel de Unamuno y Carlos V. Éste último eligió el Monasterio de Cuacos de Yuste para buscar la paz y el descanso en sus últimos días, y allí murió convirtiéndose en el personaje más emblemático de la comarca. Localidades de interés son Aldeanueva de la Vera, Cuacos de Yuste, Garganta La Olla, Jaraiz, Jarandilla, Losar, Villanueva y Valverde de la Vera.